“No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella
algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”
viernes, 9 de enero de 2015
1ª de Reyes, Cap. 17, Vers. 8/16
Elías y la viuda de
Sarepta
8 Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:
9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he
aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.
10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando
llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí
recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de
agua en un vaso, para que beba.
11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y
le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.
12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo
pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de
aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para
mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.
13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has
dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la
ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.
14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina
de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día
en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.
15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió
él, y ella, y su casa, muchos días.
16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de
la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.
Deuteronomio, Cap. 27, Ver. 19
“Maldito el que pervirtiere el
derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda. Y dirá todo el pueblo:
Amén"
Levítico, Cap. 19, Ver. 34
“Como a un natural de
vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti
mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová
vuestro Dios”
lunes, 1 de diciembre de 2014
Lucas, Cap. 20
1 Sucedió
un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio,
llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos,
2 y le
hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el
que te ha dado esta autoridad?
3 Respondiendo
Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme:
4 El
bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?
5 Entonces
ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué,
pues, no le creísteis?
6 Y si
decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos
de que Juan era profeta.
7 Y
respondieron que no sabían de dónde fuese.
8 Entonces
Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.
Mateo, Cap. 11
1 Cuando
Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a
enseñar y a predicar en las ciudades de ellos.
2 Y al
oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos,
3 para
preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?
4 Respondiendo
Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis.
5 Los
ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres
es anunciado el evangelio;
6 y
bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.
7 Mientras
ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver
al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
8 ¿O qué
salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los
que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están.
9 Pero
¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.
10 Porque
éste es de quien está escrito:
He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti. m
He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti. m
11 De
cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que
Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que
él.
12 Desde
los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre
violencia, y los violentos lo arrebatan.
13 Porque
todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.
14 Y si
queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir.
15 El que
tiene oídos para oír, oiga.
16 Mas ¿a
qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en
las plazas, y dan voces a sus compañeros,
17 diciendo:
Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis.
18 Porque
vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene.
19 Vino el Hijo del Hombre,
que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo
de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos.Mateo, Cap. 3, Vers. 1/12
1 En
aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,
2 y
diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
3 Pues
éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
Enderezad sus sendas.
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
Enderezad sus sendas.
4 Y Juan
estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus
lomos; y su comida era
langostas y miel silvestre.
5 Y salía
a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán,
6 y eran
bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.
7 Al ver
él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les
decía: !!Generación de víboras! ¿Quién
os enseñó a huir de la ira venidera?
8 Haced,
pues, frutos dignos de arrepentimiento,
9 y no
penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar
hijos a Abraham aun de estas piedras.
10 Y ya
también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol
que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.
11 Yo a la
verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo
calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en
Espíritu Santo y fuego.
12 Su
aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el
granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Salmo 27
Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?
Cuando se
juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.
Aunque un
ejército acampe contra mí, no temerá mi
corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado.
Una cosa
he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en
la casa de Jehová todos los días de mi vida, para
contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
Porque él
me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre
una roca me pondrá en alto.
Luego
levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo; cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.
Oye, oh
Jehová, mi voz con que a ti clamo; ten
misericordia de mí, y respóndeme.
Mi
corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro.
Tu rostro
buscaré, oh Jehová; no escondas tu
rostro de mí.
No
apartes con ira a tu siervo; mi ayuda has
sido.
No me
dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.
Aunque mi
padre y mi madre me dejaran, con todo,
Jehová me recogerá.
Enséñame,
oh Jehová, tu camino, y guíame por
senda de rectitud, a causa de mis enemigos.
No me
entregues a la voluntad de mis enemigos; porque
se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.
Hubiera
yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes.
Aguarda a
Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón.
Sí,
espera a Jehová.
Gálatas, Cap. 1, Vers. 1/10
Gracia y paz sean a
vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del
presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Estoy maravillado de
que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para
seguir un evangelio diferente.
No que haya otro, sino
que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
Más si aun nosotros, o
un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos
anunciado, sea anatema.
Como antes hemos
dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del
que habéis recibido, sea anatema.
Pues, ¿busco ahora el
favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si
todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
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